Cadena de Valor de la Innovación

Cuál es la cadena de valor de la innovación

La innovación y la creatividad son aspectos clave en el crecimiento de los negocios. Explorar nuevas ideas es crucial para que una empresa regenere sus procesos, cree productos o servicios más dinámicos, relance al mercado productos o servicios mejorados y, lo que es más trascendental, impulse su rentabilidad y obtenga una ventaja competitiva.

Ahora bien, la innovación no consiste únicamente en generar nuevas ideas. Muchas empresas fracasan en sus procesos de innovación porque son incapaces de reconocer que se trata de una cadena que requiere atención en cada uno de sus eslabones para alcanzar el éxito.

De esta manera, los profesores Hansen y Birkinshaw recomiendan concebir la innovación como una cadena de valor que comprende tres fases: generación, desarrollo e implementación. Vamos a profundizar en esta idea.

Definición de la cadena de valor de la innovación

El concepto de cadena de valor de la innovación fue lanzado por Morten Hansen y Julian Birkinshaw, especialistas en estrategia y organización empresarial, en 2007. En un brillante artículo publicado en Harvard Business Review, los expertos dieron a conocer por qué la innovación debe comprenderse como una cadena de eventos que incluya la generación, el desarrollo y la implementación de ideas.

En su estudio, detectaron que muchas organizaciones trabajaban constantemente en la generación de nuevas ideas obviando otros problemas de la cadena como la selección de esas ideas para su implantación o la financiación de las mismas. Una empresa no puede limitarse a generar nuevas ideas si, finalmente, tiene un sistema débil para hacer que lleguen al mercado. Por otro lado, hay compañías que sí logran financiar y lanzar nuevos productos o servicios, en cambio, no disponen de ideas para desarrollar.

En definitiva, tener muchas ideas abandonadas en la primera etapa (generación) puede concebirse como algo positivo ya que significa que existe un alto nivel de creatividad. En cambio, tener muchas ideas abandonadas en la posterior fase de la cadena (desarrollo) no es tan beneficioso.

Al final, en estas empresas el proceso de innovación adopta la forma de embudo con muchos proyectos entrando, demasiados en etapa de desarrollo y pocos saliendo a la luz. La propia ineficacia en el proceso de innovación acaba por estrangular la cadena e impide avanzar con aquellas ideas seleccionadas.

Ante esta realidad, se hace necesario crear un proceso para evaluar y seguir el trabajo de innovación: la cadena de valor de la innovación. La finalidad de este sistema es proporcionar una perspectiva más amplia y global sobre la innovación, contemplando la cadena de valor completa, de principio a fin, en vez de analizar tan solo una parte de ella —cuyas consecuencias son un ingente desperdicio de recursos económicos y humanos—.

Fases de la cadena de valor de la innovación

La cadena de la innovación se divide en tres fases y cada una de ellas se evalúa con su correspondiente KPI o indicador clave de desempeño:

  1. Generación de ideas que puede tener lugar a nivel interno dentro de la propia organización, a raíz de la colaboración entre varias áreas de la empresa, o bien puede ser externa a través de una contribución ajena a la compañía.
  2. Concreción de las ideas que implica desde la selección de las mismas evaluándolas y planificando su financiación, hasta su desarrollo y posterior transformación en un resultado (producto o servicio).
  3. Difusión de las ideas, es decir, propagación del resultado a través de la empresa para que sus empleados lo apoyen y lo den a conocer incentivando la penetración en el mercado.

Una empresa tan solo alcanzará la excelencia en innovación cuando sea capaz de sobresalir en cada una de estas fases. Para accionar correctamente la cadena de valor de la innovación es necesario centrar la atención en los enlaces más débiles de la cadena en vez de focalizarse en las fortalezas.

Cadena de Valor de la Innovación

El análisis de Hansen y Birkinshaw detectó que las empresas podían ser débiles en ideas, en conversión o en difusión. En cuanto a la primera, implica que tal vez la generación de ideas es escasa o que, en cambio, sí se discurren nuevas ideas, pero de una calidad insuficiente para generar rentabilidad o un retorno de la inversión positivo. Respecto a la conversión deficiente, implica que una empresa es capaz de generar buenas ideas, pero no logra identificar la mejor, financiarla y llevarla al mercado. En cuanto a la difusión, una falla en este eslabón significa que la organización puede tener una idea óptima, pero no logra generar el apoyo del resto de la empresa y, por lo tanto, no puede desarrollar esa idea en nuevos productos, servicios o mercados.

Como hemos expuesto, la clave para poner en marcha la cadena de valor de la innovación es dar con ese eslabón débil para convertirlo en un punto fuerte. No obstante, el proceso no debe acabar ahí, sino que debe continuar en busca de otro fragmento de la cadena que pueda haberse debilitado durante el proceso de fortalecimiento del eslabón débil.

La innovación es un proceso fundamental desde el ámbito comercial y lo que consigue el análisis de la cadena de valor de la innovación es ayudar a la empresa a evaluar las áreas más débiles del proceso para optimizarlas e incrementar el beneficio que se aporta al cliente, y todo ello dedicando el mismo esfuerzo tanto a nivel humano como económico. El resultado es una mejora de la calidad, la competitividad y la rentabilidad del negocio.

Es importante señalar que la innovación no debe entenderse únicamente como generación de productos o servicios, sino que también puede suponer nuevos modelos de negocio o mejores prácticas empresariales.  Entre ese grupo de buenas prácticas, se encuentra la metodología del Lean Management, considerada efectiva para identificar acciones que contribuyan a la máxima satisfacción del cliente.

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